miércoles, 1 de enero de 2014

Categoría D

Cuando me gradué de bachiller por el año 1973, decidí ingresar a la universidad, para esto averigüé cuál era la mejor, la información de acuerdo con la voz popular era la Universidad Estatal de Guayaquil, especialmente en medicina, por los buenos profesionales que habían egresado de esa alma máter; y no me equivoqué por muchas razones: docentes con mística de trabajo (no a tiempo completo) dictaban sus clases y laboraban en hospitales como el Luis Vernaza, León Becerra, la maternidad Enrique C. Sotomayor, etcétera, donde también se realizaban prácticas, educativos (contratados) hábiles en el manejo de laboratorios de histología, embriología, anatomía y otros bien equipados impartían sus conocimientos con buen criterio. La infraestructura acorde para albergar a los dicentes, y la investigación requerida para aquellas circunstancias.

Al presente año 2013, cerca de la Navidad, sorprende el sitio en categoría “D” que ha obtenido la universidad más grande del país. Los que conocemos algo de evaluación sabemos de la complejidad que resulta establecer parámetros medibles y confiables que permitan establecer con exactitud una ubicación, dada la subjetividad (imparcialidad, igualdad, conciencia, preferencia…) que demanda calificar aspectos muy relativos; instituir una verdadera evaluación alejada del factor político que impera en la actualidad, no constituyéndose en una acción de control, peor aún entenderse en la búsqueda de errores para criticar el quehacer o aplicar condenas, ni una rendición de cuentas. La valoración debe ser un juicio de reflexión de las múltiples acciones o actividades que se realizan (planifican, ejecutan, formalizan…) para llegar al cumplimiento de lo sublime.

Me encantaría que a las universidades se las clasifique según los colores, verde, amarillo y rojo, pero que represente cierto acuerdo a los gustos por los matices, no necesariamente el verde es bueno o el rojo malo, sino a la misión y visión que refleja la óptica o el espectro para el agrado o satisfacción de quien lo mira.

Marcelo Vargas Velasco,
médico pediatra, Babahoyo, Los Ríos

 

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